Se muestran los artículos pertenecientes al tema ¿quién somos?.
14/04/2009
FOTOGRAFÍAS CON TABAJOS DE FABIOLA GIL (FABI)

Me he tomado la libertad de escribir este miniartículo con la dirección de la galería de fotos de nuestra compañera Fabi. No os lo perdais.
23/03/2009
Vanesa Roncal

La intuición es el modo de conocimiento inmediato y, según parece, se opone al razonamiento. El o la artista lo emplea en el plano mas sensible y psicológico en detrimento de su yo mas racional y metafísico. Es decir, si con la lógica se demuestra, con la intuición se inventa. Por ello el artista es mas inventor que otra cosa. Inventor intuitivo de sensaciones, formas y texturas como conceptos artísticos que se crean por el autor, después de ser tamizados en el filtro de sus experiencias, de su inimitable vida, de su mas profunda e inevitable vulnerabilidad artística y personal. Por que cada artista es un espíritu que se agita desde la inquietud, que, como diría Bergson es siempre positiva, pues impulsa a los sujetos a actuar lejos de la indiferencia y la pasividad.
Es la primera impresión que me causa la obra exuberante y volumétricamente atrevida de Vanesa Roncal. Esta licenciada en Bellas Artes, nacida y criada en Epila, tuvo muy claro desde niña que lo suyo, inexorablemente, debía de ser el arte. Después de realizar el bachiller en Zaragoza, la inquieta y joven artista se presentó en Cuenca, ciudad tocada con el influjo de lo artístico, para hacer la carrera y posteriormente, como no, dar clases como profesora de dibujo en la localidad de Illueca.
En su particular visión el "color es mas importante que las formas" según nos cuenta. Pero esto no es del todo cierto pues Vanesa lo que quiere, lo que le mueve quizá, es recalcar esa importancia vital y colorista. Y sin duda lo consigue. Pero cuando uno observa sus pinturas éstas tienen unas formas cuidadas y una armonía innata y preestablecida. Busca, quizá sin quererlo, la perfección entre el alma y el cuerpo del cuadro. Todo o casi todo está medido desde esa intuición a la que nos referimos al principio, o lo que es lo mismo, Vanesa buscando o trabajando el color, encuentra la forma precisa. Sus composiciones rebosan positivismo e incluso, como por ejemplo y curiosamente en alguno de sus mosaicos se encuentra una simbología numérico-musical, ya que utiliza composiciones de siete veces siete (49), números que definen las notas recogidas en una frase musical.
Para presentarnos ese color lo hace en la bandeja de lo estético, de lo amplio, de lo espacioso, desde unas flores que irradian no su color, si no el color elegido por Vanesa para destacar su impronta cromática viva y positiva. Solo así expresa su concepto y sus ideas de la vida, donde nada es oscuro, nada es negativo. Desde su afición y su amor por la pintura, nos manifiesta que se siente transportada a sus momentos más íntimos, más relajantes y expresivos de su mundo interior y los pone en común con el espectador valientemente y con decisión. Sin miedo a que el resultado final defraude, pues se mueve en un ambiente que conoce y domina. Y eso se nota y se vive en su obra a la primera impresión produciendo un fuerte impacto visual, provocando que los sentidos adquieran una mayor sutileza desde la naturaleza simple pero a la vez bella y noble, de una flor. Este es un elemento que utiliza asiduamente y que resuelve sin dificultad. Se siente que a Vanesa le encanta pintar y es algo que no solo se ve en sus cuadros, si no que cuando hablas con ella de pintura lo hace con una ilusión y credibilidad grata y contagiante.
Vanesa Roncal tiene mucho que aportar a la pintura, por su juventud, por su interés por el color, pero también por lo estético, por lo bien hecho y por las inquietudes y enormes ganas de trabajar por y para el arte. Pero también por que esta pintora dispone de grandes dosis de esa intuición creativa tan necesaria, de esa simpatía y empatía con el objeto y el color elegido para sus composiciones. Quiere experimentar e investigar en el mundo del arte en la medida de lo posible, para percibir nuevas sensaciones y ponerlas en común. En definitiva, el resultado de lo que haga artísticamente no nos dejara escépticos ni displicentes, si no todo lo contrario.
CAL
Concha Romero

Concha Romero
Todos exploramos nuestro mundo personal. Todos sentimos la necesidad de hacernos preguntas sobre nosotros mismos y sufrimos ese delirio interior cuando nos enfrentamos a la realidad única e irrepetible de nuestra existencia. Y en ocasiones ese ejercicio interior se exterioriza con la idea de una puesta en común, como buscando una coartada, en la medida que se comparte con los demás. Para Concha Romero esa es la motivación. Necesita transmitir sus emociones con los pinceles y la paleta. Confiesa que "pintar es buscar la paz" y mientras la encuentra pintando, sin duda, reflexiona sobre si misma y desde ahí, encontrar su esencia absoluta y la transfiguración necesaria de un resurgir con mas ganas de vivir en el siguiente proceso. Por que quien tiene necesidad de transmitir creando, aunque resulte paradójico, también sufre. Pero sabiendo que ese sufrimiento, a veces placentero, abrirá la puerta a un nuevo proceso para convertirse en un ser mas curtido, mas maduro y, por que no, mas sabio después de esa puesta en común.
Quizá por ello Concha necesite de un ambiente propicio para pintar. Se evade del mundo terrenal para meterse en su otro mundo, el mas personal e íntimo y encontrar esas respuestas imposibles, a solas, con sus pinceles autodidactas y sus vivencias , plasmándolas en el lienzo de manera irreversible e incondicional, sin medias verdades que enturbien el objetivo de llegar, de transmitir lo que vive y siente. Y para ello, curiosamente, le resulte vital mirar espacios abiertos, caminos que llevan a lugares que existen, o no. Que mas da. Y se soporta en la naturaleza mas inmediata, del paisaje donde reside desde hace años, con sus olivos, recios, serios, imbricados en la dureza de un clima extremo, que les deporta mas prestigio ancestral si cabe, en su condición de árbol generoso y noble. O nos sorprende, en un requiebro de cambio radical de elemento figurativo, pintando una buena colección de flores. Quizá en busca de esa belleza interior que cualquier ser humano y sensible persigue.
Concha Romero tiene 48 años y apareció en el mundo de la pintura allá por el año 1980, casi por casualidad. Lo suyo siempre había sido la música. Por ello ahora la necesita mientras pinta. Sus padres se dedicaban a ese mundo "yendo de acá para allá con una orquesta", nos comenta con la nostalgia que produce el recuerdo de la infancia. La misma Concha fue cantante durante años y cuando quedó embarazada de su hijo "ante esa parada obligada, había que llenar la hiperactividad que llevaba y me decidí por la pintura". Y se tiró a tumba abierta. Sin academias ni profesores y empezó a pintar lo que le apetecía, descubriendo que era un excelente terapia "que recomiendo a cualquier persona que sienta la necesidad de hacer algo que le relaje, que le reporte esa paz que me reporta a mi" según nos cuenta no sin un cierto chispeo de brillante satisfacción en sus ojos. Su profesora ha sido ella misma. Lo que se conoce como ser "autodidacta". Pero ser autodidacta no significa "no saber". No significa que los resultados sean malos por no haber tenido una formación pictórica. Lo mismo que uno no es pianista por tener un piano, pero puede aprender a tocarlo, sin desentonar, a su manera. Los resultados de la pintura de Concha no son estridentes, no chirrían -si se me permite el término- por no ser academicista, si no que vistos con ojos asépticos, desinteresados, el resultado siempre es admitido. Por que haga lo que haga esta pintora nacida en Domeño (Valencia) y afincada en La Muela, lo hace desde la convicción mas profunda de comunicar para compartir su yo mas sincero, exponiéndolo de una forma sutil y agradable. Por que ella no pinta para ganarse la vida, si no que lo hace para sentirse bien. Para encontrarse con ella misma. Y para ello se han de dar las condiciones necesarias, incluida la del resultado final. Si no, Concha no estará satisfecha con ella misma y por ello esa "insatisfacción" en el resultado no será puesta en común.
CAL
06/10/2008
José Manuel Remiro. Sensaciones más que miradas.

José Manuel Remiro. Sensaciones más que miradas. Cuando la fotografía se inventó, el hecho de ver reflejado en un papel un instante, objeto o acontecimiento, dejaba a la gente perpleja. Esa visión “milagrosa” que representaba la capacidad de crear por el hombre un mundo ilusorio tan convincente como la propia realidad resultaba algo sobrenatural. Por primera vez en la historia de la humanidad se podía recoger el pasado no por la palabra, la escritura o la pintura, si no a través de una fiel copia de la realidad. La imagen fotográfica estaba destinada a convertirse en un nuevo exponente de la memoria colectiva, significaba un nuevo lenguaje y un nuevo tipo de comunicación. Con el tiempo la fotografía quiso ir mas allá del mero reflejo del instante y ser creativa. El fotógrafo artístico quiere darle su sentido a la fotografía y generar la imagen tal y como le gustaría que fuera. Quizá por ello a José Manuel Remiro le sedujo la fotografía desde niño. Sus primeras fotos las hacía con la cámara de su padre siempre que podía. Ello le sirvió para plasmar sus primeras instantáneas. A partir de ahí ya vendría su propia cámara, su interés mas profundo por la fotografía, sus cursos en Spectrum, sus cavilaciones artísticas y la asunción de recursos de todo tipo que necesita una mente creativa e inquieta como la de cualquier artista en cualquier modalidad. Por que la fotografía es un arte si, pero la fotografía para que sea arte ha de tener unas premisas. Hoy día una de las técnicas mas democratizadas el la de la fotografía. Cualquiera, en un país desarrollado, tiene una o incluso varias cámaras fotográficas con las que hacer miles de fotos, pero cuando una imagen se conceptualiza desde una intención artística deja de ser una simple imagen para adquirir otra dimensión diferente a lo meramente anecdótico o histórico. Desde el momento en que a José Manuel le entró el misterioso influjo de la sensibilidad, ha tratado de indagar en lo sugerente. Desde su objetivo quiere plasmar sensaciones mas que imágenes, comunicación mas que mensaje. Como un feed-back entre el elemento fotografiado, el espectador y él mismo para establecer una armonía comunicativa que vaya mas allá de lo estrictamente visual. Para ello, este fotógrafo nacido en Zaragoza y afincado en Épila, utiliza las armas del blanco y negro con sus infinitos matices intermedios, para que el espectador no solo “mire” si no que también “perciba” y así invitarnos a que además de la vista, estén inmersos el resto de nuestros sentidos para conformar una “mirada” mas que una “visión”. Por que para José Manuel la fotografía va mas allá de lo meramente visual, por ello sus retratos intentan seguir la estela de lo íntimo y personal, de la complicidad con el modelo, al objeto de conseguir la mejor puesta en escena posible y la máxima transmisión hacia quienes contemplemos sus obras, que no se limitan a ser una realidad aislada y detenida en el tiempo si no un elemento de reflexión e interpretación. Y juega con fragmentos de sus modelos pasados a papel, para conseguir un resultado mas esquemático, pero a la vez mas centrado y directo y transmitir la máxima relación perceptiva. Y en verdad lo consigue, pues sus retratos, de gente conocida o no, tienen la impronta del misterio descifrado al libre albedrío del espectador, dándonos a cada uno de sus receptores un universo de sensaciones a las que adherirnos. José Manuel es un hombre tranquilo, un buscador de lo bello pero sin alarmismos, sin estridencias, sin nervios que le erosionen sus conceptos fotográficos y creo también que humanos Cuando habla de fotografía se pone en situación, reflexiona y habla con la seguridad de conocer lo que te gusta. Y la defiende desde el punto de vista artístico como un medio que transmite sensaciones tanto como el que mas. La reivindica y reclama como medio de expresión de primer orden, pero siendo consciente de que para conseguir esos fines no vale cualquier cosa que no sea el trabajo meditado y bien hecho. Hoy nadie se queda perplejo por ver una foto, pero nos quedamos admirados cuando esa foto nos transmite sensaciones que van mas allá de lo estrictamente visual. Y José Manuel Remiro lo consigue. . CAL
21/07/2008
Daniel Pinilla Sisamón

La realidad de los elementos cotidianos e identificables a primera vista, de lo perfectamente visual, es transformado por el artista y la relativiza. Esos elementos son ignorados conscientemente en su esencia, para ser introducidos en un nuevo orden, en un nuevo mundo sensorial que aunque conservando alguna referencia a la integridad de los objetos que transcribe, los armoniza mejor entre sí, con otras formas, con otros matices o con otros colores.
El joven e inquieto Daniel Pinilla se mueve con valentía en ese modo de abstraer lo banal y convertirlo en otra realidad visual. Para el lo patente se convierte en una abstracción “reconocible” pero sacada del tedio natural, de su vulgaridad cotidiana, para dedicarle una consideración mas armoniosa, mas romántica, mas poética y logra otorgarles un destino no preconcebido, diferente y único.
Para Daniel el trazo es la excusa perfecta para realizar grabados en los que la técnica juega un papel fundamental. Con éste método ancestral dota de un nuevo sentido a los motivos de su obra. El grabado es una disciplina artística que exige gran conocimiento y pericia. En esta técnica las prisas no tienen cabida y este joven artista de Morata de Jalón, como buen conocedor de la Historia del Arte, elige los elementos con estructura y vida propia y los dispone a su modo y a su orden para expresar, no un mundo real, si no descripciones de lo transmutado, de lo soñado en el propio mundo que el artista inventa con la plancha. Y nos transporta hacia su mundo, desde su obra, en un juego de títulos y formas para ofrecernos las claves de su sentido, donde el ser humano juega un papel fundamental pero en contraposición, o en armonía con “el otro”. En su obra titulada “deseo de desenlace” se ve a simple vista la dualidad del ser humano. ¿De qué desenlace estamos hablando? De un ser con respecto así mismo o con respecto a otro. En su obra titulada “mater” ¿por qué es una maternidad colectiva? En “la realidad de un sueño” ¿ por qué ésta representación onírica también es colectiva? En su trilogía “pareja”, desde su título está todo dicho. Lo que nos transmite, en definitiva, este joven artista es su inquietud por el ser humano, es la necesidad vital que tenemos de interrelación con el “otro” para bien o para mal, y me hace recordar una frase de Hannah Arendt donde señala que, “ninguna clase de vida, ni siquiera la del ermitaño, resulta posible sin un mundo que directa o indirectamente testifica la presencia de otros seres humanos” Y nos invita a una reflexión sobre este concepto, por que en sus dibujos, grabados y pinturas esa interrelación es difusa con el objeto de ponernos en bandeja nuestra elección, en un abanico de infinitas posibilidades que van desde lo armonioso a lo caótico. En cualquier caso, el hombre es un ser de naturaleza colectiva. Encontramos en ello la sociabilidad, la racionalidad y la libertad como pros. Pero Daniel, en una misma jugada, da la sensación de que también nos quiere mostrar sus contras.
Desde el punto de vista puramente artístico, Daniel también se expresa con la pintura y con la fotografía, pero se siente, de momento, más grabador que otra cosa ¿Por qué esta técnica mas que las otras? Quién sabe. A veces el artista también se siente atraído por lo difícil y se reta así mismo. En el grabado a diferencia de otras disciplinas como el dibujo o la pintura es mas difícil cambiar,. No hay marcha atrás, hay que reflexionar mucho antes de dar el paso definitivo por que una plancha no se puede borrar. Hace falta una conjunción de habilidades así como una atención e interés extremo para conseguir buenos resultados y Daniel, sin duda, está en esa línea.
CAL
10/07/2008
Begoña Pérez. Pintar como terapia

Entramos en su casa y desde ese mismo instante se visualizan cuadros por doquier. Los motivos son variados pero predominan los que tienen que ver con lo “afro”. Quizá lo africano es lo que más se identifica con los colores que a esta aficionada pintora le gustan. Rojos combinados con azules y amarillos fuertemente contrastados con negro, se eligen para destacar, como elementos aparentes los motivos variados y sencillos que Begoña elige, casi al azar, para justificar su entretenimiento. Por que la pintura para ella es eso, entretenimiento, evasión y relax. Para Begoña Pérez, el color es el matiz que identifica como propia, cada una de sus obras. El color está respaldado por una generosa aportación de materia y todo ello, enmarcado dentro de la figuración, con toda la amplitud que tiene este concepto. Se trata, en definitiva, de una pintura sencilla, hecha desde la honestidad de quién disfruta pintando sin mayores preocupaciones. Por que no hay que ser un artista, en el mas amplio, ni en el mas reducido sentido de la palabra, para disfrutar de la pintura. No hay que torturarse por el resultado ni hay que estar pendiente de si se hacen o no exposiciones. Simplemente pintar por el placer de pintar y después colgarlo en la pared de tu casa. Eso es lo que hace Begoña en sus ratos libres. En los momentos de evasión que le permiten sus abejas –ella es apicultora- , su familia, su casa.....ahí esta, montando y desmontando su caballete y colocando sus pinturas en la paleta. Como queriendo reivindicar un espacio físico y mental que le permitan evadirse por unos momentos del mundo patente, para introducirse en su mundo mas interior, mas reflexivo, mas espiritual y sentirse creativa a su manera y a su modo. Sin querer demostrar nada ni a nadie. Sin necesidad de justificaciones por el resultado ni someterse inquisitorialmente a ningún crítico insaciable. Seguimos el recorrido de su pequeño museo hogareño, de su realidad artística y encontramos, en un lugar privilegiado de su casa, dos cuadros de tamaño mediano-grande de los que Begoña está personalmente mas orgullosa. Son dos lienzos hechos al albor del recuerdo de su infancia, de su pueblo: Ricla; de sus rincones mas inmediatos; de los lugares donde corría de niña, que son los mismos en los que ahora hace su vida, con su familia, su trabajo, sus amigos y su entorno mas cercano. Lugares donde la relación espacio tiempo se confunden, se mezclan, para plasmarlos en unos paisajes urbanos llenos de recuerdos infantiles y fusionarlos con la animosidad de un presente para dejar huella y constancia de quien los pintó.
Begoña reconoce que esto de pintar “le vino tarde”. Tiene 43 años y recuerda con claridad el año 2000 cuando sintió la necesidad por casualidad y lamenta no haber empezado antes. No por haber pintado mas, no por haber hecho mas obra. Si no por que habría encontrado antes la terapia que ella buscaba. A veces uno siente la necesidad de expresarse mas con la pintura que con palabras. El lenguaje de las imágenes a veces es mas elocuente que el de las palabras y con una simple pincelada, con un simple trazo, se pueden decir muchas cosas, a la vez que te relaja y te distrae.
Y Begoña se introduce en el mundo del arte para reclamar, sin pedirlo, su derecho. El de que a su modo y desde su humildad pictórica -que no humana- , ser tenida en cuenta como una persona que tiene algo que transmitir y solicita nuestra atención, por si queremos compartir una parte de sus sentimientos y experiencias que nos transmite pintados de una manera libre, sin complejos ni reglas.
CAL
06/06/2008
EXPOSICIÓN DE MARIO SÁNCHEZ MORENO

Nuestro compañero de CAL, Mario Sánchez Moreno ha expuesto en La Almunia de Dª Godina, en el Palacio de San Juan, los día 31 de mayo hasta el 2 de junio. Los que no pudísteis ver la exposición y todo el que tenga curiosidad,teneis disponible la siguiente galeria web:
http://picasaweb.google.com/fjgarciadominguez/ExposicionMarioSanchezMoreno
29/05/2008
Regina Nogueras. Una observadora del instante

Decía Aldoux Huxley, a propósito de Brueghel “El Viejo” que “todo pintor inventa una manera de pintar”, es decir, que el artista no imita la naturaleza mezquinamente si no que se entretiene observándola, yo diría que contrastándola con su yo mas profundo. En ello basa, sin duda, Regina Nogueras su universo artístico. Regina no es una simple observadora pasiva de todo aquello que le rodea. Con el poder que le confiere su mirada misteriosa, pero a la vez luminosa y receptiva, tiene la capacidad de captar cualquier detalle o acontecimiento que le ofrezca la naturaleza. Cuando nos muestra sus trabajos lo hace destacando que lo importante para ella es el momento de la captación, el climax receptivo - como si de una poesía se tratara- mas que la obra en sí y, desde esa premisa, aplicar una posterior maduración con su yo mas íntimo, mas personal, mas irremediablemente innato y único. Es como si la naturaleza le diera el guión de la obra y la artista lo interpretara a su manera, con sus aportaciones, sensaciones y deleites personales y plasmarlo, finalmente, en un dibujo, un lienzo, una fotografía. Espera quizá, que la obra, en última instancia, termine “realizando” al artista, pero partiendo de conceptos que a veces nos resultan, sin saberlo, subjetivos. Cuando un o una artista se enfrenta al vacío y frío lienzo, sin duda quiere reflejar algo en él, aunque la intención previa sea la de partir de cero, pues un recuerdo, una mirada, un olor, un sueño….en definitiva son sensaciones, experiencias vividas, que se nutren de ese misterioso deseo de plasmarlas artísticamente en un soporte. Y así, se nos ofrece la combinación de lo captado con la aportación mas personal y unívoca, fundidas en el crisol del mestizaje entre la naturaleza y la autora. Por ello salen, por ejemplo, tonos ocres, fundidos con amarillos y sombras con negros disimulados con sienas, bajo el pretexto de árboles como justificación figurativa para aplicar esos colores. Y así, el resultado es llamativo y a la vez armonioso, cuidando las formas, pero sin ataduras academicistas que contravengan su libertad personal y creativa.
Esta polivalente artista de 49 años es natural de Ricla y dibuja, pinta y fotografía “solamente por atracción” como dice ella. Viene profesionalmente del mundo de la restauración, dando clases como profesora en diferentes centros. Y nos ofrece con sinceridad, su aportación y sensibilidad para cualquier cosa que tenga que ver con el arte. Para ello, Regina Nogueras se nutre artísticamente de su entorno mas inmediato. Y su entorno es lo natural, lo cotidiano, lo que la rodea, su casa, sus cosas, o la naturaleza mas inmediata. Yo diría que el gusto por lo bello. Pero no una belleza exuberante o excéntrica, pues lo bello, la mayor de la veces es lo simple, lo accesible, lo natural o lo que a simple vista pueda parecer banal. Y lo engrandece con su aportación y su capacidad de captación. Regina vive lo artístico con un don natural : el de ir con sus chispeantes y despiertos ojos bien abiertos para lo que le resulta sugerente. Se deja atrapar por el detalle, por insignificante que sea y reflexionar sobre el para enriquecerlo y presentarlo al espectador con su aportación única e irrepetible. Pues todo ser humano es así: único e irrepetible. Si no lo fuera ¿que justificación tendría captar el movimiento de una mano con la cámara, la textura desenfocada de una copa de vino o elevar a la categoría de exquisitez algo aparentemente simple o cotidiano?. “Surge con total espontaneidad” nos asegura, pero lo cierto es que para que esa espontaneidad surja, es necesario tener esa cosa que se llama sensibilidad. Sin duda esta mujer que pertenece al Colectivo de Artistas de Valdejalón la tiene. Si algo que capta su mirada merece la pena, quedará recogido en su retina y pasará a formar parte de su genética creativa, bien para compartirla posteriormente con nosotros, o bien para dormir, en un rincón de su alma sensitiva, como sustancia íntima, personal y eterna. Tanto es así, que en su aspecto mas profesional, el de restauradora, no se limita a la simpleza de restaurar un objeto viejo, si no que va mas allá. Indaga en la esencia del objeto. Escruta con fantasía soñadora el espíritu del mismo y especula, con respeto y afecto en las diferentes sensaciones que ese objeto haya podido producir en las vidas de las gentes pretéritas a las que ha pertenecido. Lo que para cualquiera sería un objeto viejo, para Regina se convierte en un elemento casi de culto y así, con maestría, redescubrir la grandeza que ese objeto viejo tuvo antaño, como si de una una reencarnación de lo material se tratara, para presentarlo en nuestro tiempo real, con “manos de nieve” como diría Béquer, con ese aspecto recuperado, pero con la impronta sensitiva de la restauradora. Así es esta mujer que nos aporta y seguirá aportando artísticamente lo mejor de si misma. Sin engaños ni medias verdades. Con naturalidad y sin estridencias. Todo arte en el fondo, como dice Mario Dionisio, es materia organizada. Regina lo organiza con sutileza y personalidad.
21/04/2008
José Manuel Martínez. Una visión personal y reflexiva.

José Manuel Martínez. Una visión personal y reflexiva.
El artista, como cualquier ser humano siente esa necesidad de luchar contra lo desconocido. Y en ese sentido, como las más poderosas fuerzas que posee son las artísticas, las emplea para ese fin. En el otro lado nos encontramos al público expectante para evaluar los resultados de esa lucha donde las fuerzas del arte se baten con el misterio. Sería necesario estudiar, por ejemplo, las condiciones que llevaron a Leonardo a pintar aquella sonrisa de la Gioconda mientras sentía el influjo de un reflejo en aquel preciso momento. Ese misterio continúa atrayendonos y cautivándonos. La obra de arte es un espejo que transfigura el momento de una forma excepcional hasta el punto de hacer de ese instante, infinitos momentos que amplian la realidad humana de forma permanente.
¿ Qué lleva por tanto a José Manuel Martínez a seleccionar algunas de la obras mas importantes de la pintura y reivindicarlas con otra mirada? La respuesta es sencilla: nos da otra visión de ese momento de lucha hacia lo desconocido y misterioso desde esos grandes maestros. Con ello nos demuestra que la obra de arte es una síntesis del elemento individual que la crea y del elemento social que la distingue y la tranforma en múltiples aspectos haciéndola extremadamente variable. Y José Manuel lo hace de un modo brutal: prescindiendo del color. Asi nos lleva con naturalidad a su terreno a través del blanco y el negro. Como un “yin y yang” que recoge toda la dualidad existente en el universo y nos dice, a través de sus reproducciones, que cada ser, objeto o pensamiento, posee un complemento del que depende para su existencia y que a su vez existe dentro de él mismo. De esto se deduce que nada existe en estado puro ni en absoluta quietud, sino en una continua transformación. Eso nos transmite José Manuel haciendo volver a sus orígenes a Caravaggio, Millet, Goya o Botticcelli por citar algunos. Y lo hace con naturalidad, sin encogimiento ni cortedad por enfrentarse ante auténticas obras maestras. Pero no lo hace inconscientemente, si no de forma meditada y reflexionada. Por que este pintor de La Almunia de 52 años no deja nada al azar. Para el todo está relacionado, todo tiene su causística. La unidad de lo absoluto y lo relativo en la pintura, en la poesía, en la música, nos ilumina y nos encamina a la consecución de nuestra percepción de lo creado para volverlo a crear, pero con otros ojos, con otra mirada, para desde ahí crear algo nuevo e irrepetible. Quizá por ello sea un artista monotemático. No trabaja dos temas a la vez, no mezcla conceptos. Se centra en un tema hasta que queda satisfecho de su resultado sin escatimar tiempo, sin prisa, hasta que la obra tiene su conclusión, tanto en su teoría como en sus formas. Y ese modo de actuar para este fundador del Colectivo de Artistas Locales (CAL) junto a Alfonso Lorén y José Luis López, le lleva a reflexionar sobre cualquier cosa que le llame la atención. Y reflexiona tomando apuntes esquemáticos en su libreta sobre conceptos e ideas para después desrrollarlos a su manera en el papel de dibujo o en el lienzo. Y nos muestras sus trabajos sobre las manzanas, la poesía, la música, la huerta……y el resultado son “las huertas de La Almunia” donde hace todo un recorrido pictórico y literario por las desaparecidas huertas de dicha localidad, para según nos dice “…enseñar a nuestros hijos la historia de sus padres, abuelos y bisabuelos por que mañana puede ser muy tarde…” o las “Cuatro estaciones”, o sus “Retratos psicológicos” o su concepto de la “atracción como impulsos eléctricos”. Y cuando habla, por ejemplo, sobre las posibilidades expresivas de la “mano” elemento conceptual desde el que le gusta desarrollar un dibujo o pintura, da la sensación que está seguro de lo que dice por que lo ha madurado, reflexionado y comprobado por el mismo. Y si lo hace con una “manzana”, desarrolla toda una tesis sobre la diferencia de este fruto con o sin piel, lo cual, aunque parezca una cuestión banal, después de oir a José Manuel uno, cuando monda el mencionado fruto que comió Adan, comprueba perfectamente la diferencia. Pero para eso hay que escuchar al artista y ver su obra, solo asi comprobaremos que ya no veremos esos elementos y todos aquellos – con los que, repito, conceptualmente juega- de la misma manera que antes. Quizá esta forma de filosofar en el arte le venga desde su mas tierna infancia influido por un entorno verde, libre, natural, que invita a la evasión mental como el de La Almunia. O quizá también de la influencia de esa especie de artista global que era el salesiano don Cancio Petruzio, impulsor de muchas iniciativas culturales en esta localidad de la comarca de Valdejalón y de que recibió enseñanzas y correcciones.
Los dibujos y la obra de José Manuel se pueden encontrar en la ya desaparecida revista “Rivera” donde inició sus agudas sátiras de “Albarcudico”, o en “La replazeta” en la que aparecen dibujos e ilustraciones y como no en sus exposiciones colectivas o individuales. Seguiremos la estela de su obra. Estaremos expectantes para aprender de sus conceptos madurados y expresados. Estaremos junto a él para nutrirnos de sus conclusiones. Nos ayudará a pensar y a desentrañar lo misterioso.
CAL
19/03/2008
GALERÍA DE FÉLIX GARCÍA DOMÍNGUEZ

He colgado una galería de cuadros que no estaban en mi página web "De pintura".
http://picasaweb.google.com/fjgarciadominguez/GaleriaDeCuadros
Si alguien está interesado en colgar una galería propia es fácil en Picasa de google, aunque hay otras opciones en internet. Para lo que haga falta aquí estamos.
Sería interesante ir ampliando los artículos sobre los artistas escritos por Manuel Cuenca con imágenes de las obras...
FGD
21/02/2008
Alfonso Lorén. De la pintura a la cerámica
Que misterioso influjo recibe un artista para dirigir su carrera por unos u otros derroteros. En ese proceso que se llama inspiración, fenómeno irresistible y vital, se producen una serie de fenómenos que forjan su personalidad artística, haciendolo fluctuar de manera permanente y llevándolo a destinos que posiblemente jamás hubiera sospechado. Y es que un artista, como creador, está en un contínuo proceso de aprendizaje y evolución. Este camino marca irremediablemente su destino, su obra global.
Muchos años trancurrieron desde que Alfonso Lorén hiciera su primera exposición. Por aquel entonces cuando formó el grupo CAL junto con José Manuel Martínez y José Luis López le seducía la pintura. Estuvo en esa técnica durante años. Pero si observamos con atención su pintura en aquellos tiempos pretéritos, ya se intuía que el Alfonso “pintor” realizaba sus cuadros con la sensación y la forma en sus elementos gráficos de querer huir, escapar de una superficie plana para derivar en algo más volumétrico, más tridimensional. El fundamento de su pintura era su inquietud por experimentar con lo abstracto, después con lo figurativo, o con ambos estilos a la vez, trabajando con materiales de lo mas diverso: sal, paja, tierras… Es conveniente alertar al aficionado sobre que pasos previos se mueve el artista para lo posterior. Digamos que después de ese proceso, su obra ha sufrido una mutación para terminar en la actualidad en un horno de ceramista. Si, por que a este artista creador e investigador incansable, una sola dimensión se le quedaba corta. Cuando empezó a descubrir las posibilidades de la cerámica se metió en el tajo de los barros, esmaltes, temperaturas, oxidaciones y su infinito universo de posibilidades creativas. De Alfonso Lorén se puede decir que es un “pintor” en “tres dimensiones reales”. Por eso eligió la cerámica.
Y del origen del cuadro “plano” surgió el “cuadro escultura”en cerámica, con un estilo personal e identificativo en este artista-ceramista. Y en ese cuadro el motivo fue cogiendo volúmen, se fue escapando hacia afuera para mostrarnos, en una enmarcación de volumétrica cerámica sus “puertas” como fronteras de intimidad pasada, en las que busca y logra con maestría los efectos de la madera vieja, o sus “cerrojos” que sugieren misterio y curiosidad como fieles guardianes herméticos y generacionales de un pasado ancestral. Elementos que exigen, o cuando menos solicitan, un lugar en nuestra memoria. Y sus “llamadores” se convierten en silenciosos aldabonazos hacia la atención y reflexión del espectador. Y así infinidad de ocurrencias de este artista nacido en la Almunia, casi todas con la inspiración genética de sus raíces. Por que decir Alfonso Lorén, es decir su tierra, sus raíces, su cultura aragonesa y su denuncia de lo que considera que atenta contra ello. Pero sin estridencias, sin fundamentalismos, sin aspavientos, con quietud y sosiego, tal y como es él. Pero no sin el orgullo y la consciencia de asaverarlo sobre la solided cultural, rica y diversa de su tierra. Por que esa constante está en su obra y se ve a primera vista. Se siente que Alfonso ha recorrido Aragón de punta a punta para nutrirse de esos elementos para su obra. Elementos simples pero nobles . Aquellos que etnográficamente definen a un pueblo y su cultura. Y sus “espantabrujas, cabezudos, tiasjoaquinas,duendes,capiteles…..”. Barro-Fuego es a Hierro- Madera. Esa es su relación armónica. Es su alquímia particular. Como el alquimista medieval, Alfonso Lorén tiene su propia relación armónica con el universo y con su mundo a traves del fuego. Son sus dos elementos esenciales barro-fuego para conseguir su transmutación virtual en hierro-madera. El hierro y la madera aparecen reproducidos después del proceso de cocción de una forma perfecta y fidedigna.
Y en ese proceso evolutivo que marca irremediablemente su obra, por fín las formas abandonan definitivamente el cuadro, para salir exentas de cualquier soporte y mostrarlas ante nuestros ojos como un nuevo ser, como un alumbramiento del mismo. Y sus motivos ocupan ya su propio volúmen, su propio lugar único e irrepetible en el espacio. Y de ahí surge una nueva forma de trabajar, pero manteniendo el “concepto” o lo que es lo mismo, su universo. Siendo fiel asi mismo Alfonso nos deleita en su caminar hacia un destino artístico lleno de nuevas y agradables sensaciones, mensajes y efectos armoniosos. Con una sinonímia entre todo ello que hace que contemplemos su obra con placer y curiosidad por sus nuevas creaciones. Estaremos expectantes en su devenir artítico. No nos dejará indiferentes.
CAL
11/02/2008
José Luis López Alonso. Pinta para comunicar

Cuando vemos una pintura aparece ante nuestros ojos todo un universo de sensaciones. Nos hacemos preguntas, reflexionamos. Recibimos una comunicación conmovedora y misteriosa que nosotros intentamos descifrar. Nos metemos en el cuadro para observar con detalle algo que nos llama la atención.
Si contemplamos las pinturas de José Luis López Alonso, enseguida sentiremos la sensación de que nos quiere transmitir algo. Sabemos que está ahí y lo debemos averiguar. Nos ofrece claves en su código, pero sobre la base de que tarde o temprano, después de reflexionar un poco seremos capaces de percibir y decodificar.
Si observamos sus cuadros en conjunto quizá nos parezca que no hay relación entre ellos. Como si en la realización de cada cuadro este muriera sin solución de continuidad. Pero enseguida nos daremos cuenta que es una ilusión, un engaño a nuestra vista, por que el resto de nuestros sentidos detectarán que todo tiene su misma raíz, que cada cuadro representa una parte de su mundo, el del artista. Cuadros que mueren para volver a nacer en el cuadro siguiente con un vigor renovado. La esencia es la misma. La forma y el color mueren sí, pero para hacer renacer en el cuadro siguiente el mismo “concepto” en un estado de diferentes formas y colores. Nos dice lo mismo pero con una mutación natural. Como el gusano que da paso a la crisálida para comenzar de nuevo el sentido evolutivo. Y lo muestra como un ciclo vital y trascendente que exige su necesidad de actuar con libertad, sin ataduras plásticas ni academicistas, pero guardando muy bien las formas. José Luis pinta lo que quiere y como quiere pero siendo fiel e inamovible en sus conceptos. Y este pintor de La Almunia pinta como habla, con la firmeza de un hombre curtido en el difícil y noble oficio del campo. En su conversación, como en su pintura, es concreto y sincero. No hay palabras de más ni pinceladas de más. Tampoco hay elementos que estén en el cuadro de forma gratuita. El pinta para comunicar y lo hace con las palabras precisas, o lo que es lo mismo, con las pinceladas precisas y con los elementos necesarios. Ni uno más ni uno menos. Y nos muestra la soledad del ser humano dentro de un mundo masificado y egoísta en una hoja, en una flor, en un objeto, en un árbol… Y destaca la importancia de la mujer, bien sea en la forma de un alo solitario de voluptuosa desnudez y angustioso misterio, o bajo la representación de una figura maya como crisol de culturas que sugiere el mestizaje. O nos hace un bucle para situarnos en un paseo por sus raíces, sus ancestros, su cultura…. y nos relata con mano segura el fenómeno cultural de sus “cabezudos”, con ojos humanos e indescriptibles que asoman por una boca de cartón piedra. Si, por que el ser humano es una paradoja que esconde su yo más interior y lo disfraza, para representarlo a los demás recubierto de algo que no es, en una ceremonia callejera lúdica y pagana. Y si seguimos paseando nuestra vista por su obra, de golpe nos hace un requiebro más en su estilo y revolotea sobre el cómic para ofrecernos una soledad de prostíbulo, donde sus dos personajes, un hombre y una mujer, después de la unión carnal se disponen a seguir rumiando sus soledades cada uno por su lado separando de nuevo su frugal encuentro. Todo esto y mucho más nos ofrece este pintor con años de bagaje pictórico. Creador del grupo CAL junto con Alfonso Loren y José Manuel Martínez y pintor desde que tiene uso de razón, recuerda con cariño y admiración, como lo hacen otros artistas de la comarca, a Don Cancio, salesiano e impulsor del arte y del interés por el arte en La Almunia, a quién agradece en la distancia de los años, la motivación y las enseñanzas recibidas desde niño.
Y después de este paseo por su obra dejamos a José Luis López en su estudio, lleno de cuadros, tinajas antiguas, ilusiones y proyectos. Por que el pintor y su sensibilidad no descansan. Y lo dejamos, madurando la idea que no cesará hasta que se lleve a la práctica en el lienzo de trabajar sobre el fenómeno de la inmigración y los abusos que ello conlleva. Por que su arte es también crítico, reivindicativo y de denuncia ¿De qué sirve el arte, si entre otras cosas no remueve conciencias? Estaremos expectantes.
CAL
José Ramón Lóbez. Escultor

La piedra cambia de significado cuando es observada por los ojos del artista. Y cuando esta es modelada deja de pertenecer al universo geológico, para formar parte de otro universo: el artístico, desde alguien que crea, que trasforma e impregna de elementos nuevos esa materia, hasta ahora inerte, para convertirla en algo vivo, cambiando su fundamento y destino primario para el que la naturaleza lo creó. Eso es lo que hace José Ramón. Este artista del municipio de La Muela posee esa extraña virtud que le hace ver más allá de lo inerte, de lo banal, para cargar de sentido artístico y volumétrico una arenisca, una caliza, un alabastro o un mármol de Calatorao. Y lo hace con una facilidad innata y sorprendente. Ya de niño sentía pasión por las piedras. Se fijaba en ellas, las estudiaba y sentía su mensaje. Desde que, siendo pequeño, su tío le regaló un libro sobre Egipto no ha parado de buscarle sentido a la piedra. Si, por que las piedras transmiten sensaciones y las sensaciones son códigos que no todo el mundo tiene el privilegio de poder captar.
Y José Ramón Lóbez, escultor perteneciente al Colectivo de Artistas de Valdejalón, tiene ese don para poder producir otra versión de la misma naturaleza y transformarla, haciéndonos sentir nuevas sensaciones que nos transportan al pasado. A un pasado que nos resulta ancestralmente conocido, como una minúscula pero sustancial reencarnación de lo vivido por nuestros antepasados, haciéndonos ver la insignificancia de una sociedad atrofiada para recuperar esos valores de conexión con la naturaleza, como una nueva realidad. Por que para José Ramón, la realidad no está en lo cotidiano. Para este escultor de 54 años hecho así mismo, la realidad está en otro plano, en cada piedra que trabaja y que transforma, unas veces en algo nuevo y otras en algo reproducido de culturas pretéritas, para recordarnos que estamos aquí por que otros han estado antes que nosotros. Y nos da una lección de historia “en tiempo real” que se puede ver y tocar, haciéndonos recuperar ese pasado dormido, esa memoria histórica y tribal que nos hace ser más auténticos y a la vez más humildes en la sociedad del frenesí. Y lo hace con elementos y conceptos recuperados del pasado: símbolos celtas, cruces templarias, escudos medievales, iconografías religiosas o paganas, todo fruto de un desarrollado sentido de búsqueda de nuestras raíces, para convertirlos en una auténtica aula visual, crítica y magistral de historia.
Y mientras muestra sus obras, que desde la fachada de su casa se esparcen por multitud de lugares, en La Muela y fuera de ella, nuestra mente reproduce ese sonido de voces divinas que nuestros antepasados oían cuando trabajaban esas mismas formas en esas mismas piedras extraídas de esos mismos lugares. Y uno se ve en ese monte mágico, en esa “muela” -como hermana menor de un Moncayo místico, ancestral y misterioso al fondo- y se imagina enraizado con esta naturaleza dura, difícil, modelada desde hace millones de años por el dios Eolo, ahora convertido en motor de multitud de modernos molinos de energía renovable. Y te sientes solidario con los pueblos y culturas que la poblaron, que estuvieron antes que nosotros para dejarnos su huella. Pero José Ramón no se conforma solo con eso. El quiere dejar la huella de su paso por la vida, como lo hicieron los que pasaron por aquí antes que el, creando elementos nuevos, con personalidad creativa y única, como se puede comprobar en su amplia obra urbana. Con conceptos muy aragoneses - hasta en los textos que acompañan a sus obras está lo aragonés-. La fabla es la lengua que emplea para dar texto a sus obras, no para hacer política barata con el idioma, si no para mostrarle al mundo la solidez de las raíces culturales de nuestra tierra. Cada obra que vemos la explica con la seguridad y solidez de un catedrático. Para sentir la historia, para sentir el arte no es necesario un título. Simplemente se necesita caminar por la vida con el “receptor” de nuestros sentidos activado, como lo hace José Ramón Lóbez. Contemplar sus trabajos con la piedra resulta reconfortante.
CAL
16/12/2007
María Angeles Latorre

Mª Angeles Latorre . “La pintura es sentir “
En el medievo, ningún pintor se consideraba un genio, ni nadie los veía como tal. Eran artífices trabajando junto a otros en su taller. Solían entrar como aprendices en el ritmo de trabajo y solo, a veces, iban pasando gradualmente a colaborar en la obra. Así salió Leonardo de las manos de Verrochiom, Rafael de las de France, o Giotto de las de Cimabue. Eran prácticamente trabajadores anónimos. Fue a partir del Renacimiento cuando las cosas empezaron a cambiar. El valor material de la obra crece. Los artistas empiezan a dejar de ser trabajadores manuales para convertirse en elementos “intelectuales”. El resultado es la exaltación del artista tal y como lo vemos en la actualidad donde parece que si no sales en los periódicos con una buena crítica no eres pintor o artista. Pero en esa vorágine de exaltación del arte, excesiva en muchos casos y donde intervienen intereses de todo tipo -económicos, culturales, sociales, intelectuales, políticos, mediáticos, etc.- surge un nuevo fenómeno: el artista “dual”. Si, ese que se dedica a su trabajo “normal” y a su vida “normal” pero que siente la necesidad de expresarse. Se pinta, se modela, se escribe, se poetiza, se fotografía, se compone música por expresar algo que viene de lo más recóndito de nuestro ser. Y no se presentan a certámenes de arte, ni les darán –nunca se sabe- el “Isabel de Portugal” a la plástica.
Si, hay personas que después de una dura jornada o semana de trabajo se dedican a “crear”. Desde ese mismo momento se convierten en seres “creadores” y generadores de cultura. Millones y millones de seres han pasado y pasan por la vida sin tener ninguna necesidad de escribir o pintar, incluso algunos habiendo vivido experiencias de lo más excitante.
Y esa especie de “dolencia artística” e inevitable que denominamos “necesidad expresiva” también la tiene Mª Angeles Latorre, quizá influida, sin saberlo, por su madre ”de niña la veía dibujar con frecuencia y me quedaba observándola con admiración” nos cuenta. Esta mujer de La Almunia se considera ama de casa –que no es poco- Pero en lo referente a su pintura ella no le da importancia. No se siente pintora con dones especiales. Mª Angeles “pinta por pintar”-son sus palabras-. Pero eso no es cierto. Es algo más profundo e insondable. Es algo inherente al ser humano con sensibilidad. No hay creación posible sin un flujo interno que sólo se produce en ciertas personas. Y Mª Angeles es una de ellas. Para quien la pintura es un medio de sentir y transformar.
A la vez que contemplamos sus cuadros hablamos de los mismos. Los muestra como un aspecto más de su vida pero se equivoca. Mientras los miro recuerdo una reflexión de Hauser sobre las pinturas de Altamira: “quién pintó esto, aunque cazase con otros cazadores, dejó, por un momento, la exigencia de sus deberes para entrar en la libertad de su creatividad e imaginación”. También eran artistas duales. No solo se conformaban con sus quehaceres cotidianos, necesitaban expresar lo que llevaban dentro. Y en el caso de Mª Angeles Latorre, como muchos pintores anónimos, ocurre lo mismo.
Sobre lo que hace le gusta la pintura con volumen, con masa. Le apasiona el color. Nombra con especial cariño y admiración a Fabiola Gil con la que comparte muchos momentos creativos: “me hace ser más libre y expresiva. Experimentar con texturas y colores se convierte en una obsesión para mí. Me encanta el volumen en la pintura y tratar materiales como la arena, sentirlos y transformarlos para conseguir resultados de más textura y relieve” y lo cuenta con la satisfacción de lo bien hecho. Y esa forma de hacer se ve, por ejemplo, en sus flores, que destacan en sus cuadros como queriendo salir de un plano, para adquirir una dimensión más en el espacio real. Y la representación cromática es viva, limpia, sincera y sin tapujos, penetrando por nuestra retina como un flechazo de sensaciones agradables.
Mª Angeles Latorre no se considera artista –eso dice- pero pertenece al privilegiado club de quienes pasan por la vida teniendo algo que decir, algo que contarnos para el enriquecimiento colectivo.
CAL12/11/2007
Jesús Langarita. Poetizar el espacio
En alguna ocasión nos hemos preguntado ¿como es posible que de una piedra, de un trozo de materia inerte, pesado y apagado, el artista pueda conseguir una fuerza y energía insospechadas en ese basto reducto de naturaleza? El buen escultor nos hace ver más allá y evidencia que las piedras tienen alma , haciendo brotar de su interior, a través de su forma, color y textura una serie de sensaciones capaces de enervar al espectador y que a través de su contemplación, sea partícipe en la conclusión de la obra. Conclusión, si. Pues ninguna obra concluye hasta que no es admirada, adquiriendo con ello infinitos acabados. Cuando miramos una obra nos convertimos en cómplices de la misma, haciendo que esa obra adquiera una aureola que la convierte en única e irrepetible. “Mis piezas son mis textos, mi forma de poetizar el espacio” nos indica Jesús Langarita con la misma seriedad con la que trabaja la piedra de Calatorao, su pueblo de adopción. Por que ser artista y residir en Calatorao es incompatible con la insensibilidad hacia este regalo que la naturaleza nos ofrece en esta localidad y que los aragoneses, con injustificada modestia, llamamos “piedra”. Cualquiera que esté exento de ese miramiento que nos caracteriza, elevaría a esta piedra, sin contemplaciones a la categoría de “mármol fino y único en el mundo”. Y este mármol se encontró con J. Langarita para hacer poesía entre los dos. Y lo consiguen. Poesía que no solo invita a la contemplación si no a participar en ella, pues sin darnos cuenta, inconscientemente, nuestros dedos se convierten en intratables detectores deseosos de entrar en contacto con los volúmenes y las formas que Jesús nos presenta en su obra. Y nos hacemos partícipes -es lo que pretende- y cómplices de la misma. Jesús Langarita, nació en Salillas de Jalón y desarrolla su actividad artística en Calatorao, donde reside. Aunque la inquietud por el arte siempre ha vivido con él, comienza a trabajar la escultura en 1984. Este autodidacta de excelente formación, nos ha mostrado su obra en diversas exposiciones, pudiendo contemplar una buena parte de la misma como escultura urbana. La Almunia de Doña Godina acoge de forma permanente alguna de sus obras en la Plaza de La Paz, así como el “Monumento a la Comarca” en la misma localidad. En su acogedor estudio-taller hay una buena muestra de su huella escultórica : “El viejo y el mar”, “El soñador”, “La espera”….son ejemplos de su buen hacer, que invitan como digo, no solo a contemplar si no a tocar, a sentir, a experimentar sensaciones únicas e irrepetibles. En definitiva a ser partícipes y cómplices de su obra. Pero Jesús no es conformista. Su espíritu artístico es inquieto y no solo esculpe si no que también pinta. Y del mismo modo, con esta técnica, poetiza. En su amplio taller, exigen, reivindican su lugar en nuestra retina, sus cuadros al óleo. Y sus lienzos, en esa reivindicación, se abren paso entre esculturas para atraer nuestra atención exigiendo la importancia que merecen. Muchos de ellos son homenajes a los ídolos del artista. A esas referencias que todos tenemos en función de nuestros gustos artísticos. Y ahí están homenajeados algunos como Miró, Picasso, Modigliani, su admirado y contemporáneo Oswaldo Guayasamín (del que gusta destacar la fuerza expresiva y de denuncia de este ecuatoriano universal) o su particular versión de “La última cena” –en la que lo encontramos trabajando en su estudio- Son muestras también de su quehacer pictórico. Jesús Langarita, como cualquier persona con sensibilidad realiza su obra después de un proceso de meditación y maduración (consciente o no), pues todo está influenciado. Pero todo es enriquecido y nuevo para mostrarnos una nueva realidad: su realidad. Por que el arte es, si se me permite la expresión, como un virus que muta y se transforma en cada ser y en cada artista para ofrecer, como en cualquier sistema evolutivo, lo mejor de nosotros mismos. CAL 01/10/2007
María Pilar Langa
Ilusión por la pintura En la madurez de la vida es sencillo comprender la importancia que tiene, para cualquier ser humano, la conservación y la memoria de su experiencia anterior, de su infancia. Si definimos como tarea creadora la realización de algo “nuevo”, se trate de algo que estamos viendo, o de sentimientos, recuerdos, vivencias, etc. podemos determinar que un elemento primordial es el reproductor. Este esta estrechamente vinculado a nuestra memoria. El hombre revive rastros de antiguas percepciones. Si un artista rememora el paisaje de su infancia, esta recreando impresiones vividas. Incluso si pintamos al natural, no hacemos más que reproducir algo que tenemos delante pero con el condicionante de nuestro recuerdo. El resultado es algo”nuevo”pero impregnado de nuestra personalidad genética y vivencial.
María Pilar Langa cuando habla de su pintura lo hace rememorando su infancia. Eran tiempos difíciles. De posguerra. De blanco y negro. Pero esta pintora perteneciente al Colectivo de Artistas de Valdejalón, tuvo una infancia lo suficientemente oxigenada como para que sintiera la inquietud del arte. Pero se quedó ahí. Como el genio que duerme en las ramas, que diría Béquer. Fue mucho más tarde, en su madurez, cuando las sirenas del arte resonaron su canto para atraer a Mª Pilar al lugar donde su alma artística estaba. ¿Por que es esto así? ¿Por qué después de años, una persona retoma sus orígenes artísticos primarios? Se ha demostrado científicamente que la actividad artística, es un elemento clave en los niños. A medida que ese niño o niña crece, cuando se acerca a la adolescencia, empieza a desilusionarse y apartarse del dibujo. En general lo llegan a dejar por completo. Pero por fortuna en el caso de esta pintora de Epila no ha sido así. Alcanzada la madurez, su infancia la llamó. Y recordó que estaba impregnada de entorno familiar. De las habilidades de su madre en diferentes manualidades, del olor a libros. De su abuela y sus afanes por la cultura para su nieta en aquellos tiempos oscuros de sección femenina. Recordó sus lápices y sus pinturas de niña y, como no, la ancestral y natural sabiduría del trabajo de su padre en esos tiempos difíciles ¿Cómo la hija de un pastor podía hacer aquello? Se preguntaba el entorno más incrédulo e insustancial, cuando la joven presentaba sus dibujos.
Y de ese germen renació la llama del arte en Mª Pilar. Que es inconformista. Los inconformistas no se quedan a verlas pasar. No ha querido renunciar a mostrarnos lo que lleva dentro. Y se puso en marcha. Cogió sus materiales y se fue a perfeccionar su técnica con los mejores, y llamó a la puerta de la familia Cañada donde quedó impresionada por su estilo único. Óleo, pastel, carboncillo, acuarela …. Cualquier formato le parece interesante. El argumento es expresar la inquietud que lleva dentro. Coquetea, como dice ella, con el abstracto y el expresionismo. Pero no puede negar que lo suyo es lo figurativo.
Y ahí están los resultados. Riqueza y variación en los temas. Elementos estudiados en su composición con la magia de una veladura invisible, nos transportan hacia su mundo para compartirlo con nosotros, para hacernos cómplices y solidarios. Y lo consigue. Perchas con vestidos y complementos de otras épocas, que exigen su espacio vital en nuestra retina, para recordarnos una época pretérita pero a la vez presente. O la sutil magia femenina, ajena al mundo exterior, mostrado en el contraluz de una ventana, en un “Tomando café” relajadamente reflexivo y solitariamente melancólico. O la delicada composición de sus “vidrios”y “porcelanas” que con un atisbo de escorzo, se enfilan en estantes de cuidada perspectiva. Si, este es el resultado. Fruto de un trazo decidido, armonioso y sin complejos, que a través de su paleta de estudiados y reflexionados tonos nos transporta, silenciosamente a su yo más personal.
CAL
27/08/2007
Alvaro Huerta . La fotografía como medio de expresión
¿Tiene importancia la materia en el arte plástico? ¿El óleo prevalece por encima del acrílico o de la acuarela? ¿ La escultura es mas expresiva que la pintura? ¿La fotografía desmerece la calificación de obra de arte o es arte en su más pura esencia? La respuesta a estas preguntas han sido y serán motivo de largas sesiones de debates y opiniones extremas
.
De cualquier modo, todas ellas tienen la gran virtud de llamar la atención del público hacia la importancia de la materia en el lenguaje plástico. La peculiaridad de apartar del vicio de querer valorar una obra de arte, no solo en su contenido, si no también en su soporte y su técnica. Pero al final, lo importante es el resultado.
Esta pequeña reflexión nos sirve de soporte para presentar a Alvaro Huerta, joven miembro del Colectivo de Artistas de Valdejalón, que a pesar de su juventud ha tocado ya varias técnicas de expresión. Sintió la necesidad de expresarse artísticamente desde muy joven, realizando varios cursos de pintura al óleo, algunos de la mano de Jesús Aznar, para pasar posteriormente a estudiar los secretos de la escultura, el volumen y la fotografía analógica y como no, posteriormente la fotografía digital.
Por eso cuando a Álvaro le preguntas que le tira mas, duda. Es un artista y punto. El soporte es secundario. El ahora se siente mas fotógrafo. Pero de lo que no cabe duda, es que elija el soporte que elija, el resultado será excelente. Tiene una buena muestra de ello en la escultura, de la que le sedujo especialmente, como no, la piedra de Calatorao –el mármol de Aragón- o el alabastro, desde el que dio vida a su “grito” particular.
Pero el se siente mas fotógrafo. Que más da. Por que arte y fotografía son absolutamente complementarios. En cualquier caso, en la fotografía la composición tiene muchas mas limitaciones, pues en ella el motivo condiciona en mayor grado el resultado que en la pintura, por ejemplo, donde se parte de cero, como es el caso de un lienzo en blanco.
Como cualquier obra, la fotografía artística ha tenido antes un periodo de meditación y de análisis. Eso es lo que se detecta a primera vista en las fotografías de Álvaro. Los motivos están elegidos para que tengan la fuerza visual suficiente como para que al espectador no lo dejen indiferente. Los objetos o las personas de sus fotografías resultan decisivos en la composición. La cámara, a diferencia de nuestra vista, ve un solo plano y desde esa condición Álvaro Huerta consigue destacar la forma de un objeto o de un detalle parcial, para que llame poderosamente nuestra atención, como sus tocadiscos de vinilo, artilugios sonoros arrasados por la vorágine de las nuevas tecnologías que parecen querer reivindicar, desesperadamente -en un todo o nada, en un blanco y negro- su lugar en un universo digital. O sus retratos, cortes parciales de rostros que miran a un infinito de melancolías, ante la atenta mirada de una lágrima petrificada.
Sus fotos impactan, si, y planean sobre la fibra de la sensibilidad del observador. Da la sensación de que cuando este joven artista de La Almunia elige un objeto o un tema, lo mira desde sus infinitos ángulos, para presentarnos su mejor cara, esa que carece de dimensión, la cara del espíritu.
Por ello, quien comienza por las exigencias de la superficie, las leyes de la composición, etc. y no aprecia las posibilidades de las diferentes materias, se estará perdiendo la posibilidad de saborear excelentes mundos artísticos.
El artista se juzga a si mismo. Se sirve de los materiales que cree necesarios para comunicar al receptor, un mensaje misterioso, que pasa a través de el y nos lo presenta como una creación única e irrepetible. No exijamos más. Es imposible.
Colectivo de Artistas de Valdejalón
26/06/2007
Ezequiel Cruces
Ezequiel Cruces: escultor ceramista La cerámica es una técnica que ha de estar controlada desde el principio hasta el final. El ceramista ha de aprovechar, en su justa medida, los pasos que ha de andar hasta la conclusión de la obra. La expresividad adquiere y se tiñe de un especial dramatismo cuando se busca los elementos y las técnicas para conseguir los objetivos que se pretenden.
Ezequiel Cruces, este escultor ceramista de Calatorao, lo consigue sobradamente. Hablar con el sobre cerámica es hablar con quien ha aprendido el oficio y además esta tocado por ese misterioso influjo que se llama sensibilidad. En pocos minutos puede dar una clase magistral sobre el proceso del barro y como llegar a esto o lo otro. Esto es conocer la técnica. Pero también lo que entra en el horno, para ser cocido a unas temperaturas determinadas, su posición en el mismo, la aparición de más o menos cenizas, la intensidad del fuego, etc. etc. entrará con un moldeado muy reflexionado y meditado por Ezequiel.
Porque este escultor no es ajeno a lo que le rodea y le gusta ir rayando lo radical mas por encima que por debajo. Por que la sensibilidad también es inconformista, no tiene por que ser piadosa. Y Ezequiel nos lo muestra en su obra, con la mesura y el cuidado en la elaboración de sus piezas en las formas y su proceso en el horno, pero con la dureza en el fondo del mensaje que nos quiere transmitir cuado es preciso. Y nos da toques de atención sobre lo que el quiere. No es monotemático. Modela lo que le apetece sobre lo que le apetece sin corsés ni ataduras. La ecología, el medio ambiente, la degradación de la naturaleza llevada por la estupidez del hombre, esta patente en su obra cuando nos muestra el “Pirineo Roto”. Y cuando nos presenta al ser humano, lo hace deformando su aspecto exterior para mostrarnos lo mas controvertido y feo de su interior en “Personaje Extraño”. O modela el retrato de sus amigos, desde su visión de los mismos, para someterlos al capricho del fuego en “reducción”. Y si nos habla de sus mundos, los interiores, los de Ezequiel, con sus miedos, sus alegrías, sus encuentros o desencuentros con la vida, como los de cualquier ser humano, también los manifiesta como una granada que eclosiona en su madurez, para mostrarnos lo mas íntimo y personal, con maestría, sin tapujos, sin medias tintas. Sus luces sus sombras los del artista están en sus “candelabros” en tipo “viejo”, para enseñarnos que la luz también se torna en oscuridad y viceversa, quizá como un ciclo sin fin. La luz es el camino hacia lo oculto para volver a una claridad, mas nítida, mas intensa y mas sabia quizá.
Ezequiel Cruces viene con la impronta de haber aprendido el oficio en el “sancta santuorum” de la cerámica. Donde decir cerámica es decir Muel. Iba y venía desde su pueblo, Calatorao, a conocer de la mano de los mejores ceramistas, los secretos de este difícil mundo del barro, para posteriormente sorprendernos con su obra y sus enseñanzas en los talleres que imparte.
Sus resultados están ahí, a la vista de todos. La sensibilidad no define al artista pero tal privilegio no es corriente o al menos no es corriente el tener la capacidad para transmitirla de manera concreta con formas que no son el simple sentimiento, si no el sentimiento y la sensibilidad maduradas por el artista. Ezequiel es sin duda uno de ellos.
CAL Mayo 2007
24/04/2007
FABIOLA GIL

Fabiola Gil Alares
PASION POR EL ARTE
Si miramos un cuadro de Fabiola Gil, lo primero que llamará nuestra atención es el color. Esta pintora conocedora de la técnica y de la teoría del color, lo emplea con fuerza en su obra que es fresca y atrevida, para mostrar a quien sea capaz de ver más allá, todo un mundo de sensaciones recubiertas de una consciente y muy estudiada engañosa sencillez. Fabiola se dirige directamente hacia los que quieren contemplar su obra con decisión pero no al azar. Desde la necesidad de crear y transmitir su visión de todo aquello que le rodea con conceptos e ideas meditados y engendrados en el soporte de su libreta de apuntes y sus rotuladores, esta pintora nos transporta, con una sensibilidad cultivada y formada, hacia la limpieza de sus óleos. En sus paisajes, donde solo cabe la visión de lo necesario, define lo más íntimo y personal visto desde las ventanas de los lugares donde vive o vivió y, por supuesto, desde la ventana de su espíritu, el cual tiene una excelente relación con su mano para pintar lo que realmente Fabiola quiere plasmar. Y en esos paisajes Zaragoza es verde y magenta en los amaneceres y atardeceres del horizonte que enmarca el rectángulo de sus particulares miradores. Y Bilbao y La Almunia de Doña Godina, su pueblo natal, cobran en esos paisajes la luz perdida en sus atardeceres con el reflejo de los recuerdos que en la artista dejaron a su paso por ellos. Y si pinta escapando de la visión del paisaje mas o menos lejano, lo hace para mostrar lo mas inmediato: “sus cosas”, sus mundos mas a mano, como su bolso, -donde el espectador se imagina infinitos submundos en su interior- “ el bolso que siempre esta ahí” que va con ella. O sus amigos, retratos de exquisita y estudiada síntesis, pero cargados de una elocuente y definida personalidad. Por que Fabiola que es una pintora joven pero con la madurez suficiente para ser consciente de que el arte puede producir muchas cosas, muchas sensaciones, nos encarrila por la vía del positivismo de la luz y del color, pero cuidando extraordinariamente las formas y conseguir con la frescura expectante de sus pinturas transportarnos a mundos donde no cabe lo negativo, lo oscuro o lo banal. No copia realidades, tampoco las sustituye. Crea una realidad nueva desde la realidad misma y nos la muestra sin tapujos ni medias verdades, llenándola de una nueva belleza pasada por el tamiz de su sensibilidad. Por que Fabiola como todo buen artista tiene sus claves para hacernos vibrar, para hacernos sentir algo diferente, algo no visto ni sentido hasta ese crítico momento de la puesta en común de cualquier artista.
Fabiola Gil es artista en su aspecto más global y por ello no solo es pintora, aunque en ese terreno se encuentra muy a gusto. Por que para ella, que viene del difícil mundo de la escultura, el arte es un concepto global. En ese terreno, también de vez en cuando nos deja su impronta y como muestra su creación de la escultura que se entrega todos los años en el Festival de Cine Florian Rey de La Almunia. Y restaura. Y da clases para el Patronato de Cultura “las clases y la restauración para mi son muy importantes, por que también se aprende enseñando y restaurando la huella que nuestros antepasados nos dejaron” me dice con ese brillo especial en sus ojos que refuerza sus palabras. Por que Fabiola habla incansablemente de arte como lo trabaja: con pasión.
CAL
FELIX GARCÍA
FÉLIX GARCÍA DOMINGUEZ
Un viaje por el arte
Observar un cuadro es comenzar un viaje con posibilidades infinitas. La mejor manera de emprender ese viaje es utilizar las posibles claves que el artista te muestra en la obra, con las cuales uno pueda ver cosas que a simple vista pasarían inadvertidas. Esta particularidad se da en la obra de Félix García. La primera advertencia que este artista nos hace es sobre la luz. Si trabaja un interior el punto de atención lumínico nos llega a conmover sin piedad, para mostrarnos la necesidad vital de la luz desde un paso por el tiempo transitorio de la oscuridad. Como queriendo huir, escapar de un sueño sin solución de continuidad. Y si trata la luz desde el exterior, la mima, la enamora en sus lienzos y se hace cómplice de su irremediable verdad más allá de lo visible. Pero hay mucho más. Para Félix el complemento de la luz es el espacio. En este binomio, el artista busca la plasmación convincente de sus mundos, sean visuales o interiores, dominando la ilusión de la luz y del espacio, para llevarnos en un viaje de sensaciones placenteras y relajantes, sin atisbo de inquietud, para que nos sintamos cómodos y a la vez interesados en descifrar, como si fuera un juego, los misterios que nos ofrece. Si continuamos el viaje por su obra y observamos los temas que trata, nos moveremos por un camino que inexorablemente nos conducirá a sus raíces, a su pueblo, a su comarca, y al río que la jalona, el Jalón; a puertas inertes de cerrojos que no se abren, que reivindican de sus interiores vidas que ya no son; a sus cuevas con sus chimeneas que nacen de la tierra para exigir la atención del viajero, mostrando la humilde grandeza generacional de las gentes que las construyeron con poco mas que las manos. Viajaremos también, en clave, a los encuentros y desencuentros del artista, a sus miedos y a sus temores, como los de cualquier ser humano, a su infancia, a su madurez. En el viaje haremos también una parada en su concepto de lo maternal y de lo femenino, por que la mujer esta presente en su obra y le ofrece un lugar privilegiado como fundamento esencial de la vida. Continuaremos en mágico trayecto para ver una industria local de verjas oxidadas y de espacios que antaño ocuparon obreros de alpargata blanca y albarca y pasaremos, de soslayo, frente a estucos descorchados de lugares donde antaño hacían guardia fríos sombreros charolados. Y en cada cuadro veremos un hecho aislado pero dentro de un contexto donde todo tiene relación, donde todo encaja. Por que estudiar un cuadro de Félix García es aislarlo, para encontrar en la suavidad de una pincelada todo un mundo de sensaciones. Pero todo cuadro tiene el orden individual de un conjunto. Como el que encuentra en un sueño el significado de toda una vida. Por ello, en la obra de Félix todo está relacionado entre sí, como si el vehículo que nos lleva tuviera todos sus puntos vitales bien engrasados. Todo ello y mas podemos ver en lo que este pintor nos ofrece con azul veladura, como sus ojos, para que podamos movernos con deleite por su universo pictórico.
El arte es un producto de la sensibilidad dirigido directamente a sensibilidades. Pero la sensibilidad esta formada y educada. Nada camaleónico, este artista nacido en Épila no tiene estridencias en su obra. Tiene muy claro lo que quiere. Demuestra sensibilidad y una técnica cultivada, fruto de buenos maestros y de su intuición autodidacta. Su aparente sosiego de maestro de escuela con el que se impregnan sus gestos, puede engañarnos, viendo a una persona que no presta atención a lo que pasa a su alrededor, como si no tuviera prisa para intervenir, pero no es así. Como buen maestro puede que mire de reojo, pero lleva el receptor encendido pues encierra una personalidad inquieta y una mente privilegiada para la pintura y para la vida. Una mente en constante proceso de aprendizaje y con multitud de proyectos tanto personales, como para el Colectivo de Artista de Valdejalón, del que aparte de su presidente, es una de las piezas claves de su funcionamiento.
Esperaremos con inquietud las nuevas producciones de este artista. En su línea nos seguirá despertando, con sutileza, nuestros deseos de inmersión en esos mundos donde solo pueden viajar los que llevan billete con la clave de la sensibilidad.
CAL
Carolina Fernández

VER MÁS ALLÁ DE LA MIRADA: Muchas personas limitan la contemplación de un paisaje, de un retrato, de un bodegón, o de cualquier obra, a la comprobación fidedigna de esta con el modelo real con que el artista plasma el aspecto exterior de dicho modelo. Si el arte fuera sólo eso, que ya es, poco podrá este contra la fotografía o el celuloide. ¿Que sentido tendría hoy competir desde el arte con la fotografía, por ejemplo? Un paisaje aunque lo estemos viendo, existe para nosotros de acuerdo con las sensaciones o la experiencia que tenemos de él. Como decía Brueghel, “todo buen pintor inventa una manera de pintar y de ver las cosas”. El mundo del arte aporta más plasmando interpretaciones y sentimientos de lo que ve, que copiando. Un artista es también un transformador de energía y esa concepción aporta una riqueza inagotable a la condición humana. Quien vea el arte desde esa perspectiva, debe de prestar atención a lo que nos aporta desde el punto de vista creativo Carolina Fernández.
Esta joven licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Valencia, nacida en Zaragoza y criada en Épila, ya de niña sintió la necesidad de expresarse artísticamente. ¿Qué extraño influjo recibe el ser humano para decidir de forma tan clara, diáfana y temprana que el fundamento de su vida desde el punto de vista profesional va a ser el arte? ¿la influencia de sus padres, en el caso de Carolina, maestros de profesión y donde la plástica se tiene en cuenta en la educación primaria?, quizá. Pero uno no es arquitecto porque su padre o su madre lo sea, lo es por que en su día vio un edificio con el que quizá quedó admirado y empezó a hacerse preguntas. Sea por lo que sea Carolina lo tenía claro. Por ello con sus veintiún años realizó su primera exposición individual y lo hizo con paisajes. Con cielos. Sí, con cielos. Porque el cielo es un paisaje. Porque los paisajes no tienen por qué tener horizontes. Y lo hizo en Valencia para demostrarnos por qué el cielo de Valencia es diferente al de Zaragoza y al de Épila; por qué no hay un cielo igual, por que no se sienten de la misma forma, y ahí cada cielo tiene sus señas de identidad, como las tiene cualquier cosa dependiendo de cada persona. ¿Es esto una paradoja?, no, es el producto de la emoción, de los recuerdos, de las vivencias de niña en su pueblo, de la misteriosa influencia del entorno, que en cada mirada, en cada interpretación, en cada encuentro o desencuentro cambia, se transforma y nos hace sentir diferente. La distancia entre ser artista y no, está en la fuerza de interpretar y saber plasmar lo que se ve y llevarlo a un soporte en el que el espectador lo pueda admirar. Las obras de arte no están para copiar con fidelidad la realidad, si no para enervar la sensibilidad del espectador y hacerla vibrar.
Para ello existen, por fortuna, artistas como Carolina Fernández. Ella lo hace así. Pinta lo que ve, pero lo pinta una vez interpretado y cuando pinta el paisaje lo hace mirando no solo el modelo, si no mirando también hacia su interior, donde solo se pueden ver los cielos que le dictan los sentimientos. Pero el ser humano también tiene necesidad de bajar a la tierra y cuando Carolina nos muestra lo inmediato, lo cercano, recurre a sus paisajes naranjas o a sus flores de forma positivista, lúdica y colorista. Y nos hace sentir bien; sin atisbo de negatividad, haciendo que nuestros ojos caminen por la senda del optimismo contagiante, para mirar con sus acrílicos, otra vez hacia arriba y mostrarnos ahora, el ciclo lunar en políptico del nueve mágico, del creciente al menguante, en aura de misterioso influjo para llegar al final de una noche que evidencia el amanecer. No como comienzo del día, si no como seña de identidad propia de la oscuridad. Todo esto se ve en la floreciente carrera de esta artista.
Pero Carolina Fernández no es conformista, es un espíritu joven e inquieto; no quiere quedarse ahí y va más allá del recurso del acrílico. Quiere dominar otras técnicas y las estudia trabajando con ellas. No quiere que la tela sea el único elemento de composición. ¿Por que poner límites a la sensibilidad? Y esta joven promesa quiere profundizar sobre la creación artística en el mundo del grabado, la xilografía, el linóleo, e incluso el la fabricación del papel, soporte necesario para alguna de estas técnicas. Composiciones donde ya nos deja entrever su impronta, preludio, lo aseguro, de lo que sin duda será un torrente creativo en un futuro inmediato y del que ya nos ha dejado algunas muestras de excelente calidad y talento.
Prestad atención a esta artista. Seguid su evolución y su carrera artística si queréis sentir algo más allá de lo meramente visual. Para ver no solo es preciso mirar. En cada forma, en cada textura de colores, se encierra una mirada y una visión humana irrepetible. Por ello la naturaleza nos ofrece a Carolina Fernández.
CAL
ALGO QUE CONTAR. Manuel Cuenca Hidalgo, visto desde la mirada de su hijo
La muerte es silenciosa. En su reino todos callamos y aquello que no nos hemos dicho en vida ya no será expresado. Por eso nos rodeamos de ruido y movimiento, intentando olvidar nuestro destino. Y éste es el motivo por el que es importante que nos acerquemos a la buena gente, a aquellas personas capaces de hacernos felices, de transmitirnos lo verdaderamente importante, esos sentimientos que nos trascienden, que van más allá de nuestros cuerpos y hacen que en el mundo, vivir, valga la pena. La mayoría de nosotros, desde tiempos inmemoriales, creemos que lo mejor es servirnos de la palabra para transmitir todo eso que hace falta contar, las verdades que dan algo de sentido a este embrollo: “te quiero”, “me siento bien”, “quiero ayudarte”. Pero, en ocasiones, incluso la voz es insuficiente. Una verdad nos rodea, la sentimos… pero somos incapaces de expresarla, de transmitirla, de mostrarla a los demás. Es entonces cuando el ser humano tiene la buena fortuna de contar con seres excepcionales, aquellos que pueden lanzarnos mensajes cargados de significado incluso en aquellos mares vedados a los buques empujados solamente por el viento de la voz. Ellos y ellas son los artistas. Tengo el orgullo de poder contaros que entre sus filas podemos encontrar a mi padre: entre esa gente que, con su talento, desentraña los grandes misterios de la vida, está Manuel Cuenca. En su tarea de transmisor de sentimientos, de comunicador de aquello que es verdaderamente inmortal, mi padre se sirve de pinceles y colores. Pero no creáis que los usa para pintar. Eso es lo que haría yo, pero no soy un artista. Él los emplea para borrar. Es cierto, rápidos trazos nos arrebatan las máscaras con las que interpretamos a quienes no somos en el teatro de la vida. Ahí podéis ver sus paisajes que, más que descripciones dibujadas de lugares físicos, nos muestran el territorio íntimo que nos ocultamos en esta sociedad del frenesí. Siempre me ocurre que en sus lienzos percibo el equilibrio que puede estar en nosotros, que debemos buscar no en horizontes externos sino inmanentes. “La bifurcación que ven nuestros ojos es el símbolo” nos alerta su obra: el verdadero riesgo a perderse está en la encrucijada de los sentimientos propios. Ésta es la clave del artista. Venid, dejad ahora sus paisajes y acercaros a sus cuadros de realista irrealidad. No, no es una paradoja. Asombraos con caballos de bronce que pueden surcar los cielos o con niños que nos devuelven una mirada de escéptico adulto. El cuadro, aparente ficción, observa al ser humano, que se cree cierto. ¿Ha perdido la razón nuestro artista?. En realidad nos está ayudando a ser más cuerdos, más verdaderamente racionales. De nuevo, las preguntas sobre lo que vemos nos acompañan a las preguntas sobre lo que somos, sobre lo que sentimos. Por eso necesitamos a mi padre. Porque gente como él nos avisa sobre la falsedad de lo que no importa. Sus aparentemente absurdas situaciones señalan con dedo firme a aquellos que nos tratan de convencer de que nuestra importancia radica en el feudo de lo externo, en lo que vestimos, en lo que aparentamos. Por eso el mundo que creemos ver, mientras la mirada de nuestro espíritu está cerrada, es absurdo. Mi padre, y la buena gente como él, nos lo dice, nos lo susurran para que no nos asustemos. Nos lo cuenta… y no se sirve de las palabras –esas traidoras- para decírnoslo. Victor M. Cuenca Lacoma21/04/2007
José Antonio de la Concepción

Acuarelista del paisaje. Cuando se contempla un cuadro, o cualquier obra de arte, se provoca en nosotros un conjunto de sensaciones que nos hacen admitir o rechazar lo que estamos viendo, en función de la capacidad que el artista tiene para hacernos sentir, para provocar ese interés. Con argumentos de acuarela, silencios, exquisitos, José Antonio de la Concepción consigue atraernos a un universo pictórico con la máxima intensidad creativa, partiendo de materiales nobles y sin engaños para no dejarnos indiferentes y hacernos admitir lo que nos muestra en su obra.
Este acuarelista de 59 años y nacido en Épila, vocal de la Agrupación de Acuarelistas de Aragón, no podía faltar en el Colectivo de Artistas de Valdejalón, donde estar con el y pintar con el, es un autentico placer para los que le conocemos.
José Antonio consigue en sus trabajos la calidez, el movimiento, la transparencia y la luz que requiere un trabajo bien hecho, en una técnica donde no hay marcha atrás. Donde a la hora de la verdad, que es el momento de pintar para un artista, su mundo interior se enfrenta al exigente papel. Donde un trazo, un color, una forma mal expresada ya no tiene remedio. Y José Antonio de la Concepción lo hace sin dificultad. Con la maestría que dan los años, unidos a una buena formación: Eduardo Laborda, Juan Valdellou, José Beulas, Aurora Charlo… sirven como ejemplo para que comprendamos la solidez de los cimientos en los que se basa la formación del artista.
Sintió ya de niño la necesidad de pintar. En su casa y a su modo, su padre también sentía el arte. Y eso marca. Y se fue haciendo así mismo, poco a poco. Cimentándose sin prisa, pero con seguridad. Sin dejar nada al azar, para llegar hasta aquí. Optó por la acuarela después de probar otras técnicas, porque los buenos pintores se retan así mismos, y esta técnica, para el, le requiere un gran nivel de exigencia. Y lo hizo para mostrarnos con sutil delicadeza sus paisajes realistas, interpretados o sentidos, donde en estos últimos José Antonio nos traslada, quizá, a un pasado que retorna en presente pictórico. Sin tapujos ni oscurantismos. Con transparencia. Sin medias verdades que solapen cualquier atisbo de confusión. Así es este artista pintando.
Acercaros y contemplad su obra. Es sensibilidad y equilibrio, es armonía, es música. Música sí. Pero hecha con acuarelas. En cada toque de color, en cada transparencia, en cada sutileza pictórica de sus paisajes, se instala un influjo musical que refuerza la percepción de nuestros sentidos. Le sale así porque lo domina, “las cosas las dominas cuando las conoces” asegura. Y el conoce bien lo que hace.
CAL
Emilio Casanova Martín

Pintar por puro placer.
Emilio Casanova Martín nació en Rueda de Jalón hace 58 años. Maestro de escuela de profesión, se considera dibujante y pintor desde siempre. Este miembro perteneciente al Colectivo de Artistas de Valdejalón ya de niño tuvo atracción por los lápices y el color. Lleva la marca del pintor que queda atrapado por ese misterioso influjo del arte desde que se tiene uso de razón. Es la pintura de la "afición por la afición" -según sus palabras- lo que pratica Emilio. Un claro ejemplo de pintar por el placer de pintar. El entiende la pintura como un elemento de satisfacción personal, pinta por puro placer y punto. No hay, por su parte, el mas mínimo deseo de notoriedad en lo que hace, pero sin embargo en las exposiciones tanto individuales como colectivas que ha hecho por la comarca, el que observa su obra no queda insatisfecho. La mira con atención, la disfruta. Quizá por esa forma de entender el arte en lo personal, la pintura que lleva la firma de Emilio Casanova es pequeña en su formato, lo que facilita al observador percibirla a simple vista como una estructura y no como elementos del cuadro aislados. También es delicada, equilibrada y sin estridencias. Pinta elementos de su entorno, nada desconocidos. Las calles de su pueblo, la huerta, la familia, son sus modelos. Lo mas inmediato, lo mas conocido, lo mas personal, se convierte en su mundo pictórico. Si dejamos llevarnos por nuestra pura intuición, los pesos visuales de sus óleos hacen que sus cuadros sean armoniosos. Cuida el detalle, pero siempre dentro de unos cánones que pretenden escapar de lo estrictamente riguroso. Sin mordazas que le impidan hacer lo que realmente le gusta a la hora de pintar. Su impresionismo es autodidacta, como su formación pictórica, pero con argumentos que no escapan a lo academista, fruto sin duda de su interés por lo correcto en el arte. A la vez que su estilo es personal, no hay lugar a dudas: lleva la impronta de moverse dentro de las reglas sagradas de la pintura. La perspectiva esta cuidada, los claroscuros definidos, las sombras bien tratadas y los temas meditados. El resultado de todo ello son paisajes conjugados y armoniosos, bodegones con frutos que posan en blancos y también, como no, el retrato, del que sabe captar ese difícil punto de brillo en los ojos que define el ser o no ser del modelo. En esta modalidad Emilio se siente especialmente orgulloso del que le hizo a su padre, donde ha conseguido recoger todo un universo de carácter a través de la exquisita y certera plasmación de una sonrisa cargada de personalidad. Admira a Goya, como lo hacía Eduoard Manet o Picasso y gran parte de la pintura contemporánea. Del genio de Fuendetodos destaca su extrahordinaria habilidad en el manejo del pincel. Esa exquisita soltura solo al alcance de unos cuantos privilegiados, de la que salieron obras universales y lo que se denominó, en su última etapa, el "anticipo del impresionismo". Quizá por ello, cuando Emilio habla de Goya, se le enciende en los ojos ese brillo de admiración que a todos nos surge cuando hablamos de nuestros artistas preferidos. Eso se llama sensibilidad artística. Este hombre que "pinta por el puro placer de pintar" sin duda la tiene y mucha. Zaragoza 14 de octubre de 2006 Colectivo de Artistas de Valdejalón CAL
19/04/2007
Articulos publicados en el periódico de la comarca de Valdejalón
A partir de ahora iremos insertando los artículos de nuestros artistas, que fueron publicados y se vayan en su día en el periódico de la Comarca de Valdejalón. Aprovechamos este trabajo previo, para que desde nuestro bloj, se conozcan a las personas que forman nuestro colectivo y por supuesto su obra.El primer artículo fué el de Pedro Anía, escultor forjado en el duro oficio de la piedra. Natural de Calatorao. Con el comenzamos el ciclo.
Manuel Cuenca CAL
Pedro Anía
o como convertir la piedra en arte.
Oír hablar a Pedro Anía de escultura mientras contemplas su obra, es un auténtico placer para los sentidos. Trabajador incansable, forjado en el duro oficio de la piedra, la cual sabe, dado el caso, arrancarla de la beta como bloque informe y aplicar sobre ella su sabiduría, su oficio y transformarla en obra maestra final. Convertida en volúmenes que marcan el vacío ¿quien dijo que el vacío no existe, que no tiene cuerpo?, pues Pedro Anía lo crea y nos lo muestra. Si se ha tenido la ocasión de ver por ejemplo algunas de sus famosas "cuerdas" se habrá comprobado enseguida. Cuerdas exuberantes cuyas hebras se separan para luego volver a unirse. Espacio donde se encierra la esfera perfecta, nacida del mismo bloque, sin solución de escapatoria. O bien esos "infinitos" que nos muestran la "cuarta dimensión", la del espacio, la del vacío "existencialmente inexistente". Ese torrente de expresionismo es, sin duda, el Pedro Anía mas interior.
Pedro Anía Gérez nació en Calatorao hace 47 años. Ya llevaba en la sangre el misterioso influjo de la piedra y del arte. Biznieto, nieto e hijo de canteros, estaba tocado por la naturaleza -que no es caprichosa- para ser lo que es: un gran artista. Desde donde la memoria familiar alcanza, lo intrínseco es la piedra. Ya a su bisabuelo se le atribuye, entre otras obras, la construcción de un puente en la localidad de Luna. Cualquier especialista en el medievo aseguraría que esa memoria posiblemente se quede corta, pues el arte y la maestría de trabajar la piedra ha sido, desde sus orígenes, sabiamente transmitida de generación en generación.
Con esos antecedentes y naciendo en Calatorao "la tierra del mármol negro" es lógico que Pedro sintiera desde muy joven la necesidad de desentrañar los misterios de la piedra. Y como no, el mármol de Calatorao -"mármol" que no "piedra" el que sale de las canteras de su pueblo natal, como diferencia el artista con argumentos de peso-, fue un excelente material para iniciarse en este difícil arte.
Forjándose asimismo, fue creciendo como persona y como artista, poco a poco, capa a capa, como la piedra, sin prisas, sin aspaviento y derivar en el tiempo en lo que hoy es. Si bien su relación profesional con la piedra empezó temprana, en el año 1992 se produce el salto definitivo y decide montar su propio taller. Desde entonces su actividad creativa ha sido incesante. Su currículo es amplio, su obra numerosa y sus premios en certámenes nacionales e internacionales le ponen a la altura de los artistas más galardonados de Aragón. Pero él no se conforma solo con modelar la piedra. Como buen maestro, también ha querido compartir sus conocimientos con los demás -el arte sirve de poco si no sirve para cultivar a las gentes-, de ahí una lista interminable de talleres, cursos, demostraciones, etc. a lo largo y ancho de Aragón.
Hoy, desde su taller en San Lorenzo de Flumen, sigue trabajando incansablemente para deleitarnos sembrando obra acá y allá y sumarlas a las de Huesca, Pontevedra, Alicante, Mequinenza, Labuerda, Morillo de Tóu (donde Pedro Anía ha conseguido demostrar que es posible la armonía entre espacio urbano, naturaleza y arte), San Lorenzo de Flúmen, Bielsa, Gallur y un largo etc. de obras colocadas en espacios públicos y privados. Actualmente está trabajando en unos inmensos relieves "con un granito asiático difícil de domar" como él dice, encargado por el ayuntamiento de Benasque cómo obra pública. Sin duda será otra exquisita muestra de su buen hacer. En este artista no cabe otra posibilidad
Zaragoza 26 de septiembre de 2006
CAL

